Guía de cactáceas de Coahuila

del Dr. Alfredo Flores.

Puedes descargarla completamente gratis por amable cortesía del autor.

Si Coahuila ocupa un importante lugar mundial en cuanto al número de cactáceas que aquí habitan, es mejor nuestra posición en cuanto a investigadores de cactáceas. Al igual que estas plantas, los hay de todos tamaños, colores, sabores y humores. Algunos tienen aristas más bravas que las espinas de una O. tunicata y otros son de suculenta plática, más sabrosa que la mejor de las tunas. Los investigadores son una especie poco cespitosa y más bien arisca, cuyo corazón late al ritmo del de la viznaga. Soportan maltratos, climas áridos y abandono al igual que sus sujetos e igualmente arraigan en los sitios menos sospechados. Sienten todos ellos un amor de puercoespín por las cactáceas y les hablan y tratan con una confianza y un cariño inusitado. Hablan de ellas en términos románticos… ¡mamilas su abuela! si están rodeadas de espinas. Coahuila es tan afortunado por contarlos a ellos entre sus tesoros de biodiversidad.

“Eres como una espinita que se me ha clavado en el corazón,” dice la canción que cantaba Libertad Lamarque. Sobre las plantas, los científicos investigadores formales y eclécticos tienen la enorme ventaja de que se mueven; hablan y hacen declaraciones que muchas veces nos dejan mal a las autoridades, pues casi siempre van en el sentido de que nuestro rico patrimonio está desapareciendo bajo el embate del llamado progreso que todavía dista mucho de ser sustentable. Pero no son críticas vanas ni estériles, ya que una buena parte de ellos se dedica a las tareas del rescate, difícil labor pero de grandes recompensas para los coahuilenses, que se manifiestan en los muchos jardines botánicos que hay en nuestras ciudades, siendo la joya de estos el Jardín para la Humanidad, establecido con la incansable labor de un patronato encabezado por la señora Guadalupe Morales de Martínez.

Alfredo Flores es uno de estos investigadores. Alfredo sabe que para querer algo y poder protegerlo hay que conocerlo, y por eso accedió — a empujones — escribir esta guía y guiarnos en su ilustración y diseño, con muchas de las fotografías tomadas en su propio vivero y a sus propias plantas. Muchos de sus colegas nos van a criticar, pues es sabido que no se ponen de acuerdo entre expertos ni por los nombres científicos, que se supone deberían unirlos. Dirán que faltan o que sobran ejemplares, que erramos en la clasificación o en la foto o en el juicio incluso al intentar una tarea tan ambiciosa como el lanzamiento de una guía de cactáceas para todo el estado de Coahuila. Pero a eso se arriesga alguien como Alfredo al escoger un tema tan espinoso.

Pero tan útil tarea merece todo lo bueno que se diga de ella, también. Vendrán otras obras, quizás muy pronto, a competir y disentir con ésta; quizá incluso a destronarla como libro de cabecera de nuestras camas de piedra en este desierto mal llamado chihuahuense. Pero siempre lograrán una cosa: aumentar el conocimiento, el respeto y la protección para este patrimonio del Estado y de la humanidad. El Gobernador del Estado, Lic. Enrique Martínez y Martínez, ha sido claro en estos años de su mandato en cuanto a la protección ambiental: queremos acercarnos al desarrollo sustentable. Se creó el Instituto Coahuilense de Ecología y se le dotó de un presupuesto muchas veces mayor que el de periodos anteriores, que se ha aplicado en el cuidado y mejoras a nuestro suelo, aire y agua. Hemos incursionado con mucho éxito en esquemas de protección ambiental que no significan un freno al desarrollo de las comunidades, y que efectivamente elevan la calidad de vida de los coahuilenses, como los centros candelilleros, o la domesticación del orégano, el cultivo del maguey el aprovechamiento del sotol, una bebida de nuestro desierto que va un paso más allá del tequila y que está en camino al paladar del mundo, con un sello eminentemente coahuilense.

Dentro de la misión de nuestro instituto están metas como la edición de esta guía, que pretende acercarnos un poco más a la maravilla de vivir y disfrutar de este suelo tan mexicano y tan nuestro. Un lugar tan mágico como para dar vida a esta adivinanza: “Fui al campo y la encontré. La busqué y no la hallé. Como no la encontré, pues, me la traje.”

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