Elena Huerta y sus murales en el Centro Vito Alessio Robles de Saltillo

La Universidad Autónoma de Coahuila editó en 1990 el libro de memorias de la saltillense Elena Huerta, “El círculo que se cierra,” donde la autora detalla la elaboración del que se considera el mural más extenso pintado por una mujer en México…

Screen Shot 2017-03-14 at 13.01.16Screen Shot 2017-03-14 at 13.01.42

Era todo un milagro, sin buscarlo me ofrecían un mural.  Lo que antes no había podido conseguir y –que muchos durante toda su vida persiguen– hoy, cuando no me lo esperaba, me lo ofrecían. No pude ese mismo día ver los muros. A la semana que volví a verlos ya había tenido tiempo de pensar por lo menos que Saltillo estaba crecidito, con cerca de 400 años y no cabría en un muro.

Cuando le dije al ingeniero Salinas –presidente municipal– que si quería la historia de Saltillo yo quería pintar ese muro y ése y ése, y así, le señalé todos los del patio; su asombrosa contestación fue sin vacilar: “le doy todos.”

Bueno, manos a la obra. Mientras me preparaban los muros que por ser de adobe tuvieron que ser revestidos de ladrillo, me puse a leer y proyectar el inicio. Sí, en el primer tramo iría Alberto del Canto y un grupo pequeño de españoles que habían llegado con él.

Screen Shot 2017-03-14 at 13.02.06El profesor Villarello, mi buen amigo, había tenido la bella costumbre de enviarme sus libros cuando salían y aunque yo tenía mucho trabajo los había leído y ahora me encontraba que ese maravilloso material me serviría para el caso que se me presentaba.

Desde luego fue con su libro “Historia de Coahuila” con el que fui trazando mi plan.

Pensaba como dije comenzar con la llegada de los españoles en el primer tramo. Hice unos proyectos y se los llevé al maestro. Le gustaron mucho, pero me dijo que había antecedentes de vida en la región antes de la llegada de los españoles. Como la pared del cubo del zaguán que yo no había contado también la estaban preparando, ahí trazaría la época prehispánica de Saltillo.

Screen Shot 2017-03-14 at 13.01.34Al comenzar me di cuenta poco a poco que el trabajo que me había echado a cuestas sería mucho mayor de lo que me imaginaba al principio. Laura mi hermana y mi hija Sandra me habían entusiasmado cuando les dije que por mis años a lo mejor no podría, diciéndome que si era lo que había esperado toda la vida debería de realizarlo.

Y, además, recordé que Electa me había dicho una vez en la que le dije que dudaba de mi capacidad: “Tú necesitas ponerte a trabajar para que veas el resultado”. Estos eran mis pensamientos: “¿Tendría fuerza?” era mi pregunta. Y al decirle una vez a Mario Herrera que por qué no me había tocado este ofrecimiento 20 años antes, me contestó: “no, hoy es mejor, tiene usted mucho más experiencia.”

Todo lo cual me decidió y me di a la tarea de buscar mis ayudantes.

Screen Shot 2017-03-14 at 13.01.25Mario me recomendó a Nea Murguía y a Olga Castro, Nea encantada aceptó de inmediato; Olga estaba realizando una galería de retratos de los gobernadores y no pudo. Pero había necesidad de alguien más. Eloísa Ruíz, compañera mía de la academia de Saltillo, me recomendó a un joven discípulo que con el mismo entusiasmo de Nea formó el equipo.

Así empezamos con dificultad, pues al principio no me sentía segura de subir al andamio con mis 65 julios (soy de ese mes).

Me parecía que el muro lo estaban preparando muy bien y yo pensaba: “y mi mural, ¿qué tan bien quedará?” desvelándome un poco hice unos proyectos que también llevé a Villarello y por fin comenzamos el trabajo.

Fuimos avanzando con cierta facilidad; mis ayudantes y yo estábamos entregados al muro con todo el corazón. Eran muy capaces, buenos dibujantes y con un buen concepto del color. Así podíamos resolver con bocetos sencillos de composición que yo hacía, los cuadros que fuimos plasmando ya sobre el muro hasta darles el acabado necesario. Desde el principio les hice el planteamiento que yo misma me había hecho: “si el edificio es de la Colonia, el trabajo no va a ser resuelto con ninguna corriente moderna; seguiremos una realización realista del tipo de la escuela mexicana, aunque hoy esté muy combatida.”

Screen Shot 2017-03-14 at 13.02.31Yo desarrollaba todas las composiciones de los temas que iba escogiendo, mas veía que los muchachos estaban deseosos de mayor participación y así les di algunos temas a resolver.

Cuauhtémoc González, que era el discípulo recomendado, realizó también la composición de la escena de fray Juan de Larios casi sin mi ayuda.

Así los siguientes muros que fueron el Juárez, los militares coahuilenses de la Reforma, los intelectuales hijos del Ateneo Fuente desde su fundación hasta nuestros tiempos y la fundación de la Normal, los realizamos entre los tres; además de una serie de detalles que fuimos incluyendo en los pequeños espacios que entre los arcos quedaban vacíos. El muro de la familia Juárez yo lo realicé; ya habíamos llegado a la época de 1900 cuando Nea se vuelve a ir, esta vez para casarse.

Sin embargo, el dominio de la composición y el desarrollo de la historia de los acontecimientos lograda hasta entonces nos sirvió para seguir adelante con la misma energía y claridad.

Todos los días al ir al rosario pasaban por el muro Mario Herrera y su mamá, quienes estaban pendientes de los logros que íbamos consiguiendo y eran nuestros mejores críticos, con lo cual nos entusiasmábamos. También nos dio grandes satisfacciones ver cuando se hacían las colas para pagar las contribuciones, cómo la gente iba descubriendo y admirando con gusto los acontecimientos que nosotros habíamos pintado. Una vez oí desde el andamio a un empleado, ya de unos 50 años, que iba a mirando la obra junto con otro y que le dijo, “si, ella los pinta, pero las ideas ¿de quién serán?”

Como dije, los muros pequeños los aprovechamos poniendo la llegada del ferrocarril, la instalación del primer telégrafo, el teléfono y el fonógrafo.

En el ángulo que hacía la esquina del patio donde eran muros pequeños desarrollamos el ambiente de fines de siglo con los talabarteros, zapateros y un telar de sarapes y circulando entre ellos los periódicos revolucionarios de los anarquistas floresmagonistas.

En el muro pequeño que dejaba el arco, ya para el corredor del último lado del patio, pintamos escenas de la organización del comité anti-reeleccionista fundado en 1908.

Screen Shot 2017-03-14 at 13.02.24Luego pensaba hacer la pasada de Madero por Saltillo, donde hizo un mitin y luego Carranza con su pronunciamiento en contra de Huerta. Para realizar estos temas pedí que me prepararan el cubo de la escalera que tenía los dos muros más grandes que todos los anteriores. En el primer tramo al subir a la derecha quedó el mitin que Madero hizo desde el hotel Coahuila y el primer encuentro de los revolucionarios contra los federales en el rancho del Aire, en el muro del fondo logramos una figura monumental de Carranza, que apoyado en la Constitución aplastaba al huertismo cuyo fondo era la lucha incendiaria del ataque a Saltillo. Antes, mientras me preparaban estos muros, pinté en el corredor el primer congreso de trabajadores de la República Mexicana, de dónde salió la CROP y la fundación de la Escuela de Agricultura Antonio Narro. Estando ya pintando en el cubo de la escalera, acosada por el tiempo de entrega del mural –pues había que concluirlo antes de que terminara el período del presidente municipal– sufrí un infarto, lo cual me llevó al hospital durante dos meses; sin embargo, Cuauhtémoc, con Negrete y Marcos Dávila, continuaron trabajando mientras me recuperaba, con los proyectos y dibujos que yo ya había hecho. Tuve tiempo de volver a pintar en la última parte, pero ya sin subirme al andamio, pues faltaba solamente el último cubo del zaguán que salía a la calle de Galeana.

Al fin pudimos acabar incluso antes de la fecha señalada.Screen Shot 2017-03-14 at 13.02.14

Casi al terminar el mural estuvo en Saltillo la señora Ester Zuno de Echevarría, esposa del presidente, e hizo una visita al Palacio Municipal, donde elogió mi trabajo ya terminado. Quedé bastante satisfecha, pues –aunque no era una obra resuelta con todas las reglas de composición, como tener sección de oro, etcétera– sí había logrado seguir una secuencia cronológica de la historia de mi ciudad, con composiciones bastante afortunadas de cuadros que nos iban dando el tamaño de la pared del corredor, en los que logré un colorido agradable y resolví un trabajo que aunque con carencias tiene una positiva calidad didáctica.

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Elena Huerta dedicó un gran panel de su mural sobre la historia de Saltillo a los grandes maestros egresados de la Benemérita Escuela Normal, edificio con que corona su presentación. En el primer plano, junto a un grupo de tres niños y con un ábaco en la mano, aparece la maestra Micaela Pérez, fundadora del primer jardín de niños. Después, sosteniendo un libro el profesor Luis A. Beauregard. De bastón, el gobernador José María Múzquiz. A la derecha de traje verde Apolonio M. Avilés e inmediatamente detrás José Rodríguez González y, de cabello cano, Leopoldo Villarreal.

En el segundo plano la maestra Margarite Prince, los profesores Rubén Moreira Cobos y Carlos Espinoza. En el siguiente plano con vestido rojo Ana María Avilés, Maurilio P. Náñez, y cinco profesoras; Josefa Alicia Dávila, Severa Uresti, Jennie Wheeler, Elodia de la Peña y Carmen Valero.

En el siguiente plano, con corbata a rayas el Lic. Ruiz Higueras, a su lado Fernando Soler, Victoria Garza y Rafael B. Narro. Atrás aparecen el gobernador Miguel Cárdenas y el profesor Andrés Osuna.

It was a complete miracle. When I was not looking for it they had offered me a mural. What I had not been able to get before and many spend their whole life in search of, now, when least expected, it came to me. I could not go that same day to see the wall. Next week, when I came back, I had had time to think at least that Saltillo was an old little city, with close to 400 years that would not easily fit in a single wall.

When I told Ing. Salinas –the Major– that if he wanted the story of Saltillo I would like to paint this wall, and that other, and that, and that, pointing to all in the patio, his astounding answer came without hesitation: “you can take them all.”

Well, let’s start. While they were readying the walls, made of adobe and covered then with brick, I began to read and plan the start. In the first panel I would paint Alberto del Canto and a small group of Spaniards that came with him.

Professor Villarello, my good friend, had had the beautiful idea of sending me his books when they came out and even though I had a lot of work I read them all and now I found this wonderful material was very useful for the occasion.

Screen Shot 2017-03-14 at 13.03.00Of course it was his History of Coahuila with which I began to work my plan.

I was thinking to begin with the arrival of the Spaniards in the first wall. I did some sketches and took them to him. He liked them very much but told me there was life documented in the region before the arrival of the Spaniards. As they were also readying the walls in the entrance cubicle, which I had not contemplated, I decided to fit there the history of pre-Hispanic Saltillo.

Upon starting I slowly realized that the task at hand was much larger than I had imagined. When I told my sister Laura and my daughter Sandra that at my age I might not be able to do it, they gave strength telling me that I had to, for it was something I had wanted my whole life.

Besides, I remembered Electa (her oldest daughter, who died some years earlier in an accident – Ed.) had once told me “what you need is to start working and then you’ll see the result.” Those were my thoughts. “Would I have the strength?” was my question.

I once told Mario Herrera I wished this assignment had come twenty years earlier, he answered, “No. Now is better, for you have much more experience.”

Screen Shot 2017-03-14 at 13.14.19All of this made my mind up and I began to search for assistants.

Mario recommended Nea Murguía and Olga Castro. Nea accepted immediately but Olga was doing a series of governors and could not come. We needed one more person. Eloísa Ruíz, my classmate at the academy in Saltillo, recommended a young disciple that came aboard with the same enthusiasm than Nea.

We started with some difficulty, for in the beginning I did not feel safe climbing the structure with my 65 years.

I could see they were making and excellent work on the walls and I thought, “and my mural, will it be any good?” On some long nights I did a few more sketches which I also took to Villarello and finally we started to work.

Screen Shot 2017-03-14 at 13.14.38We made progress with ease; my assistants and I were devoted to the wall with all our heart. They were very able, good at drawing and with an excellent concept of color. We could solve on the wall all the sketches I made and give them the required finish. From the beginning I gave them the basic premise I had thought: “If this is a colonial building, the work will not be solved with any modern current. We will follow a realistic Mexican school, even when today it is under fire.”

Screen Shot 2017-03-14 at 13.14.44I developed the compositions of the themes I choose, but I could see the kids were anxious to have a greater share and I gave them some themes to work on.

Next walls were for Juárez, the Coahuilian soldiers of the Reform, intellectuals from Ateneo Fuente and the school for teachers; those we made among the three of us. We had come to the 1900s when Nea left again, this time to get married.

Every day on their way to the rosary came to the wall Mario Herrera and his mother, very up to date on our achievements and our best critics, with which we gained strength. We were also very pleased when people came to pay taxes and they discovered and admired our progress. I once heard an employee looking at the work say to another, “sure, she is painting, but on whose ideas?”

I was to paint the days Madero was in Saltillo, where he made a meeting and then Carranza with his pronouncement against Huerta.

While I was painting on the stairwell cubicle, pressed for time to finish the Screen Shot 2017-03-14 at 13.14.58mural –which we had to finish before the end of the president’s term—I had a heart attack which landed me at the hospital for two months; nevertheless, Cuauhtémoc, with Negrete and Marcos Dávila, kept working with the drawings and sketches I had made. I had time to come back and paint the last part, without climbing into the scaffold.

At last, we could finish before the assigned date.

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