Un diputado de la oposición sometió a consideración una enmienda a la Ley Federal Electoral, que sugiere añadir a los requisitos de cualquier candidato a la presidencia municipal o gubernatura de un estado el haber servido por lo menos tres años al frente de un Departamento de Policía y Tránsito municipal, uno de ellos año de elecciones. El proyecto tiene sus bases en el conocido fundamento de teoría política que dice, toda campaña política empieza con un congestionamiento de automóviles. Eso es un herror (así, con “h”) Es un herror porque las campañas políticas no comienzan así sino con una precampaña del precandidato, quien entre otras cosas siempre pre-sume que la pre-nominación le tomó por sor-pre-sa.

Las campañas comienzan con una precampaña y las precampañas, ahora sí, con un embotellamiento.

Un día llegué a una ciudad importante y en el aereopuerto me recibió don Pedro, un viejo taxista a quien siempre llamo porque posee y maneja el único volkswagen en que no me he mareado, a pesar de que don Pedro no se llama así sino que así le dicen porque a eso huele. Rápido, le dije, llévame a la oficina del centro.

Don Pedro enfiló su coche en dirección contraria. ¿Cómo andas? Pregunté.

Sobrio, me dijo. No voy chueco, voy a rodear porque hoy nos visita el precandidato y las calles estarán bloquedas.

Pero si la oficina está como a tres kilómetros de la plaza… Porque lo reciben en la plaza, ¿no?

Claro, pero eso no importa. Cualquier político o cualquier taxista, peluquero o ama de casa con más de tres años de casada sabe que el éxito de una visita política depende de qué tanto se perturben las actividades normales de los habitantes. Entonces, el jefe de tránsito ha mandado bloquear todas las calles en que ha habido un accidente en los últimos trece meses, que son por conclusión lógica las más importantes.

¿Cómo bloquean las calles?

Fácil. Sólo se colocan dos policías en vez de uno en cada esquina. Además, todos los miembros del partido cuyo vehículo principal tenga placas terminadas en número primo no deberá asistir al mitin, sino salir a dar la vuelta con su familia por la ciudad, cuidando de que el coche casi no tenga gasolina, tenga una llanta a punto de poncharse o más de treinta y dos mil kilómetros con las mismas bujías. Así se garantiza que se quedará tirado y habrá más embotellamientos. Todo esto, claro, proporciona significado y realce a la visita del candidato.

¿Tienen tan buena organización?

¡Claro! La disciplina del partido es lo más importante. Tanto que el dirigente estatal ha dicho que aún el gobernador se debe primero a su partido y después al pueblo. Quien teniendo un coche “prioritario” quiera aún asistir al recibimiento, deberá contratar a un chofer de algún sindicato afiliado y además pagar una prima equivalente al costo de tres afinaciones mayores, todo para solventar los gastos de la campaña.

¿Y qué te parece el candidato?

Yo voy a votar pr él, por supuesto, dijo don Pedro mientras trataba de pasar un crucero que tenía el semáforo apagado. Es lo mejor que hemos visto en muchos años.

¿A pesar de todo esto?

Mi amigo, si no hubiera habido esta congestión le hubiera hecho la dejada en diez minutos, y le tendría que cobrar sólo mil pesos.

Habíamos llegado. ¿Cuánto le debo? pregunté.

Nueve mil.

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